Testigo de Auschwitz víctima del antisemitismo en Italia

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Que Liliana Segre, de 89 años (nació en Milán el 10 de septiembre de 1930), tenga necesidad de andar acompañada de dos “carabinieri”, por lo menos en actos públicos, ante los constantes mensajes de odio de la extrema derecha transalpina, que no para de mandarle insultos y amenazas a diario, hasta 200 insultos racistas al día en las redes sociales, constituyen la demostración del odio antisemítico y antirracista que todavía subyace en grupo, afortunadamente menores en Italia

Apolinar Martínez/Israel Internacional

Liliana Segre era una adolescente durante la Segunda Guerra Mundial. Tras el año 1938, la Italia fascista de Benito Mussolini decidió aplicar las conocidas como leyes raciales, las mismas que Hitler hacía cumplir en la Alemania nazi.

Con 8 años fue expulsada del colegio. A principios de diciembre de 1943, Segre intentó escaparse a Suiza con su padre y unos primos: «Fue la primera vez que oí la palabra escapar», contará años más tarde la futura senadora vitalicia. Tras cruzar la frontera suiza, es capturada por la gendarmería y enviada de nuevo a Italia, permaneciendo detenida en las cárceles de Varese, Como y Milán.

En enero de 1944 fue entregada a las SS y deportada con el padre a Auschwitz, donde allí permanecerá junto a otras 700 chicas y más de 60.000 mujeres de muchos países, según datos que aportan estos días las cabeceras italianas. Será allí en Auschwitz, sin haber cumplido todavía los 14 años, donde le tatuarán el número 75.190 que nunca removerá de su piel. «Ese número lo llevo con honor porque representa la vergüenza de quien lo ha hecho», contó recientemente en una entrevista en una de las cadenas de la televisión pública italiana.

«Aquellas personas eran odiadas porque tenían la culpa de haber nacido y por ello, al no tener el derecho de tener su propio nombre, se convertían en un número. El número servía, en aquel listado, para conocer cuántas piezas había allí. Y yo era una de esas piezas».

Su padre terminará asesinado en abril de 1944. Ella conseguirá sobrevivir en 1945, cuando los soviéticos liberarán el campo de concentración de Malchow

Senadora vitalicia por ser testigo  viviente de la Segunda Guerra Mundial, y su compromiso con la memoria histórica

 En enero de 2018, el presidente Sergio Mattarella, la nombró senadora vitalicia como testigo viviente de la Segunda Guerra Mundial y por su compromiso con la memoria histórica.

Ello abrió el grifo para los ataques racistas contra ella. A quienes hoy están indignados por la asignación de una escolta, ella ha respondido que «nunca hay que avergonzarse de ser italiano”

Las razones de sus recuerdos

«Quien alguna vez escuche este tipo de recuerdos de vida que los imprima en su mente y se lo transmita a los demás. Porque cuando ninguna de nuestras voces [de los supervivientes del Holocausto] pueda decir yo me acuerdo, que haya alguien que pueda recoger este mensaje de vida y haga de modo que 6 millones de personas no hayan muerto inútilmente con la única culpa de haber nacido».

Y añade: «De otro modo, todo esto podría volver a ocurrir nuevamente con otros nombres, otras formas, en otros lugares, por otros motivos. Pero si de vez en cuando alguien será la vela encendida y viva de la memoria, la esperanza del bien y de la paz será más fuerte del fanatismo y del odio».

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