Se alejan posibilidades de Gantz de conformar gobierno

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Benny Gantz se muestra confiado para recibir la encomienda de formar nuevo gobierno, pero el panorama se le presenta demasiado complicado.

Apolinar Martínez-Mario Beroes/Israel Internacional

La formación de un nuevo gobierno se ha convertido en un auténtico problema para Israel en todas sus instancias, políticas, económicas y hasta militares, dada la complejidad en que se vive en el Medo Oriente, donde Israel juega un papel fundamental para la paz de la región.

El sistema político de Israel se encuentra paralizado desde las reñidas elecciones del 17 de septiembre en las que ningún partido obtuvo votos suficientes para formar una coalición de mayoría en el Parlamento, o Knesset, de 120 escaños.

Las elecciones de septiembre fueron la segunda ocasión en cinco meses en que los israelíes emitieron su voto. Netanyahu no logró formar una coalición de gobierno después de las elecciones de abril, lo que condujo a la realización de nuevas elecciones en septiembre.

Afortunadamente en ese sentido no hay mayores complicaciones porque si en algo se trabaja con responsabilidad  es en el terreno de las acciones relacionadas a la defensa del país.

Gantz recibe una papa caliente

Tras el fracaso que tuvo el primer ministro Benjamín Netanyahu en convencer para lograr cumplir la tarea encomendada por el presidente Reuvén Rivlin, ahora le toca el turno a Benny Gantz, líder del partido centrista Azul y Blanco, reabrir la búsqueda de un acuerdo.

Veterano militar, pero novato en política, Benny Gantz se mostró confiado ante la tarea de formar el próximo gobierno, que le encargará el presidente Rivlin esta misma semana. Sin embargo esa seguridad no es compartida por los analistas.

Gantz deberá hacer grandes equilibrios y demostrar habilidad negociadora para triunfar donde Benjamín Netanyahu ha fracasado.

Gobierno de unidad enredadísimo

Los números indican que la solución más factible es la creación de un gobierno de unidad en el que participen los dos grandes partidos, pero Netanyahu no convenció a Gantz para que aceptase sus condiciones, la más dura: que en el gobierno estuvieran todos sus socios habituales, los partidos de derecha y ultraortodoxos.

Gantz, ganador por la mínima del voto popular de los comicios del mes pasado, recibirá previsiblemente el mandato de Rivlin y tendrá otros 28 días para intentarlo.

Los 33 escaños de su partido, más los 11 que consiguieron los de centro izquierda e izquierda, sus únicos aliados naturales, lo sitúan lejos de los 61 necesarios para una mayoría simple en la Knéseet (Parlamento).

Son varias las estrategias que podría intentar este ex jefe del Estado Mayor, e incluyen posibles pactos tanto con los partidos árabes como con el nacionalismo secular.

Una primera alternativa, (suponiendo que no llegase a un acuerdo con Netanyahu), podría ser intentar persuadir a la cúpula del Likud de que abandone a su líder y se sume sin él a un gobierno de unidad dirigido por Gantz, que se niega a compartir gobierno mientras sobre Netanyahu, apodado Bibi, pese una posible acusación por cargos de corrupción.

«Esta opción es poco probable ya que los miembros del partido insisten en que sólo intentarían reemplazar a Netanyahu como líder en caso de que hubiese primarias, y por ahora no parece que eso vaya a ocurrir», explicó Ruthie Blum, columnista del diario Jerusalem Post.

Otra de las opciones sería conseguir el apoyo del nacionalista secular Avigdor Liberman, cuyos ocho escaños le permitirían acercarse a la cifra necesaria y hasta potencialmente formar un gobierno en minoría con el apoyo en el Parlamento de la Lista Unida Árabe, que tiene 13 escaños.

«Un gobierno en minoría dependería de las exigencias de la Lista Unida que, de centrarse en cuestiones como el bienestar de sus propias comunidades y no en materia de asuntos exteriores y seguridad nacional, podría funcionar», apunta Amir Oren, columnista del diario Haaretz.

Sin embargo, agrega, «la coexistencia de Liberman y los partidos árabes parece poco probable, por lo que una buena opción para Gantz sería apuntar a los partidos ultraortodoxos, pero no a través de sus líderes políticos, que ya garantizaron su apoyo a Netanyahu, sino dialogando con sus líderes religiosos, que tienen mucha influencia».

Ante el difícil puzle que se le presenta a Gantz, la posibilidad de que Israel vaya a nuevas elecciones, las terceras en menos de un año, parece cada día menos lejana.  Veremos qué sucede en estos 28 días.

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