¿Recrudece el antisemitismo en Europa?

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El ataque en la sinagoga de Halle, con saldo de dos muertos y dos heridos, se unen a la profanación de cementerios y “ejecuciones simbólicas en Francia”. Pareciera que el antisemitismo está tomando un segundo aire en tierras europeas.

Apolinar Martínez-Mario Beroes/Israel Internacional

Aunque los cuerpos de seguridad han determinado que Stephan B., un alemán de raza blanca de 27 años, y quien comenzó a disparar contra las 80 personas que se encontraban en  la puerta de la sinagoga de Halle, en el este de Alemania, para celebrar el Iom Kippur, actuó en solitario, dicho ataque se produce pocos meses después del asesinato, en Hesse, de Walter Lubcke, un concejal local del partido conservador (CDU), de la canciller alemana Angela Merkel y cuyo principal sospechoso es miembro del movimiento neonazi.

Temor de la comunidad judía

Si bien este atentado es el primero que se conoce en Alemania desde 1945, año de la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial, los judíos en ese país tienen probadas razones para la preocupación.

Según un estudio realizado por la Agencia Europea para Derechos Fundamentales, el 52% de los judíos que viven en Alemania han sido sometidos en los últimos cinco años algún episodio de violencia antisemita, muy por encima de la media europea que está en el 39%.

Según este sondeo, que fue realizado en mayo y junio de 2018 con entrevistas a 16.395 judíos residentes en 12 países europeos, el 38% admite que desea emigrar a causa del antisemitismo.

Actos antisemitas se multiplican en Francia

Christophe Castaner, ministro del Interior francés, dio unas declaraciones terribles sobre el antisemitismo: «Se propaga como un veneno, ataca, pudre los espíritus, asesina».

Castaner aludía al asesinato de dos ancianas, Sarah Halimi y Mireille Knoll, viudas, judías, asesinadas a cuchilladas, con una frialdad atroz, en unas condiciones que relanzaron, en su día, entre el 2017 y el 2018, la emergencia trágica de un «nuevo antisemitismo nacional».

Esas dos muertes habían sido precedidas, hace años, por la muerte de un obrero marroquí, apaleado y arrojado al Sena, al final de una manifestación de Jean-Marie Le Pen, el 1995. Desde entonces, desde hace más de veinte años, el antisemitismo ha continuado creciendo y propagándose con manifestaciones siempre inquietantes.

Hay que recordar que es justamente Francia el país europeo con la mayor comunidad judía en todo ese continente, por lo que la preocupación del ministro francés es, además de válida, una advertencia de los problemas de intolerancia que están recrudeciendo en el país galo y, en toda Europa.

Números que entristecen y preocupan

Según las estadísticas oficiales, el antisemitismo creció un 74 % el año pasado: 311 actos antisemitas el 2017, 541 actos anti semitas el 2018. Crece, asimismo, la gravedad de ese tipo de ese tipo de delincuencia racista: 358 amenazas físicas; 102 atentados contra la propiedad privada; 183 «acciones» que oscilan entre la violencia física, las tentativas de asesinato, y un asesinato, el año pasado, tras otro asesinato un año antes.

A la violencia física, ensangrentada, de manera recurrente, se añade la violencia simbólica, moral. Atizaron la más viva inquietud, hace meses, las imágenes de varios cementerios judíos profanados con cruces ganadas y que fueron reseñadas en este portal.

La humanidad no puede permanecer impasible ante estos hechos que pueden conducir a la aparición de un nuevo Adolfo Hitler, o de seres ignorantes que quieren revivir uno de los más oscuros, trágicos y detestables momentos de la historia contemporánea.

¿Por qué el resurgimiento?

Desde esvásticas pintarrajeadas en un cementerio judío en Francia, pasando por la campaña política antisemita del gobierno de extrema derecha de Hungría, hasta ataques a hombres en Alemania por ir con un kipá en la cabeza. Las muestras del desprecio, del odio a los judíos resurgen, crecen en Europa oriental, convirtiéndose en un problema que parecía ser superado con el final de la IIª Guerra Mundial

El aumento de ese tipo de incidentes en Europa y Estados Unidos muestra el resurgimiento en el siglo XXI de un viejo prejuicio que —con diversos enfoques— fusiona ideologías que de otro modo no coincidirían. Esto sucede en el contexto de una creciente incertidumbre económica mundial, un énfasis en los discursos sobre la raza y la identidad nacional, y una profunda polarización entre la izquierda y la derecha en Europa y Estados Unidos sobre el conflicto entre Israel y Palestina.

El antisemitismo se ha convertido en una sección del diagrama de Venn de la política actual, en el que la extrema derecha puede coincidir con sectores de la extrema izquierda, la periferia islamista radical de Europa e incluso políticos de los dos principales partidos de Estados Unidos.

Esa confluencia es nueva, dicen los expertos, al igual que el surgimiento de un gobierno israelí que colabora con aliados de extrema derecha que elogian a Israel, aunque fomentan el prejuicio antisemita en sus países.

“Genera un entorno muy confuso en el que la situación es menos clara que en el pasado”, dijo Samuel Ghiles-Meilhac, experto en historia judía del Institut d’Histoire du Temps Présent, un grupo de investigación financiado por el gobierno en Francia y que fueron publicadas en la sección en español del New York Times.

Las encuestas sugieren que las actitudes antisemitas quizá no sean más generalizadas en la actualidad que en el pasado, sobre todo en Europa occidental, donde la conmemoración del Holocausto se ha vuelto un ritual para la mayoría de los gobiernos.

A pesar de esto, la gente intolerante parece haberse vuelto más descarada. “Eso es preocupante porque significa que se ha vuelto normal actuar de manera antisemita”, dijo Jikeli.

Problema de extrema derecha, izquierda o ambas?

En toda Europa la popularidad de la extrema derecha ha aumentado debido a la incertidumbre económica y el temor a la migración, casi el 90 por ciento de los judíos creen que el antisemitismo ha aumentado en sus países en los últimos cinco años, de acuerdo con encuestas de la Unión Europea.

“Actualmente, la clase política dominante europea y estadounidense, incluso presidentes, jefes de gobierno y primeros ministros, no vacilan en vincularse o adoptar abiertamente mensajes y memes antisemitas”, dijo David Nirenberg, decano de la Divinity School de la Universidad de Chicago y experto en historia judía. “La utilidad electoral del antisemitismo me resulta nueva, nuevamente flexible, y, por lo tanto, nuevamente peligrosa”, agregó Nirenberg.

Los partidos de extrema derecha a menudo presentan a los judíos como una amenaza cosmopolita a la identidad nacional, sobre todo en regiones donde el estereotipo se ha utilizado históricamente. En Hungría, el primer ministro Viktor Orban ha logrado representar al multimillonario judío George Soros como un instigador secreto de la inmigración musulmana.

En Polonia, el mes pasado un diario de extrema derecha que se vende dentro del Parlamento publicó en su primera plana el titular “Cómo detectar a un judío” junto a la denuncia de un historiador que investiga la complicidad polaca en el Holocausto.

En la extrema izquierda, algunos políticos han asociado a los judíos con el fracaso del capitalismo y las conspiraciones acerca de su supuesto control de la economía global. Esas quejas ahora se escuchan entre los radicales del movimiento de los chalecos amarillos en Francia.

El presidente Donald Trump encarna las contradicciones del momento. Trump ha cortejado abiertamente a los nacionalistas blancos diciendo que tienen en sus filas a «algunas personas muy decentes», aun cuando marcharon al estilo del Ku Klux Klan, haciendo saludos nazis con el brazo extendido y coreando consignas como “Los judíos no nos remplazarán”.

Al mismo tiempo, el presidente ha presumido de su relación cercana con el primer ministro Benjamín Netanyahu y ofreció su apoyo total a Israel, como quedó claro con el traslado de la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén, a pesar del progreso nulo respecto de un acuerdo con los palestinos.

No es sorprendente encontrar un resurgimiento del antisemitismo en una época de inestabilidad política y económica prolongada, según dicen los historiadores y analistas, cuando los ciudadanos de diversas tradiciones políticas y culturales están buscando explicaciones fáciles a injusticias repentinas y complejas.

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