Pulso subterráneo de Israel contra Hezbolá emerge en Europa

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Veinte años han pasado ya de su retirada de territorio de El Líbano, donde mantuvo el despliegue durante dos décadas, y 14 desde la última guerra abierta, pero el Ejército israelí aún vigila en el norte la que considera principal amenaza: la milicia de Hezbolá, punta de lanza del archienemigo Irán en la misma raya fronteriza.

Juan Carlos Sanz*/Israel Internacional.-

Tras haber desmantelado una red de túneles que atravesaban la línea divisoria, Israel trata ahora de influir en Europa para proscribir también al partido proiraní. Primero impulsó su ilegalización completa en Reino Unido en enero pasado y Alemania vetó en abril al ala política de Hezbolá.

A más de 40 metros bajo tierra, un cartel que prohíbe el paso viene a fijar la Línea Azul de demarcación de la ONU (120 kilómetros de divisoria) en el único túnel excavado por la milicia libanesa que sigue parcialmente abierto. Los otros cinco pasadizos detectados por el Ejército fueron cegados y dinamitados al inicio de 2019, en la denominada operación Escudo del Norte en Alta Galilea.

“Habían llegado a siete metros de la salida al exterior, en las inmediaciones de Zarit”, destaca el teniente coronel Jonathan Conricus cerca de la aldea de 250 habitantes y moshav (cooperativa rural privada) que bordea la linde fronteriza. El portavoz castrense internacional acompañó la semana pasada a un grupo de periodistas extranjeros en un recorrido por el denominado “túnel insignia” de Hezbolá, que ya fue exhibido a los medios de comunicación por primera vez en 2019.

Recuerdos del hallazgo, como los cilindros metálicos con los que se horadó el túnel, están ahora expuestos al público en un desmonte reconvertido en recinto cerrado, a guisa de centro de interpretación de los pasadizos de ataque de los combatientes proiraníes. Generalmente son dignatarios foráneos y diplomáticos quienes contemplan la amenaza tallada en roca viva por el enemigo del norte y mostrada hoy por el Ejército israelí. Fotografías expuestas en un muro dan detallada cuenta de la operación del cuerpo de ingenieros militares.

La labor de zapa de Hezbolá bajo la frontera saltó por los aires. La red de captación de fondos en Europa, mientras tanto, se ha ido debilitando. El pasado 17 de enero, el Gobierno de Londres siguió los pasos de Países Bajos y proscribió la organización libanesa como partido político y no solo como grupo armado, según lo establecido por la Unión Europea desde 2013. Bruselas considera terrorista al brazo armado de una organización que forma parte del Gobierno de coalición en Beirut, con el que los Estados miembros mantienen relaciones.

Berlín decretó el 30 de abril la prohibición de las actividades del Partido de Dios, que cuenta con más de un millar de afiliados en Alemania, según las informaciones de los servicios de seguridad. El flujo de donaciones recolectadas entre las comunidades islámicas de estos países europeos se ha visto así recortado, mientras la crisis económica que golpea a Líbano y las sanciones que atenazan a Teherán privan de recursos financieros al partido-milicia chií

El túnel cuya boca arranca cerca de Zarit desciende por el subsuelo hasta 82 metros (el equivalente a un edificio de 25 pisos de altura) en varios tramos de escaleras reforzadas con cemento. Una de las galerías está dotada de un raíl minero para acarrear materiales. “Tardaron años en excavarlo e invirtieron grandes sumas ”, aseguraba durante la visita un oficial israelí durante la visita. Toda la red subterránea está iluminada y dispone de un sistema autónomo de ventilación.

El túnel se interna más de 70 metros en territorio israelí, según han constatado observadores de la fuerza de interposición de la ONU, y prosigue a lo largo de casi un kilómetro en dirección a la población libanesa de Ramiyeh. Con una media de dos metros de altura y más de uno de anchura, se trata del pasadizo mejor equipado de Hezbolá.

El objetivo de los túneles de ataque de la milicia libanesa, según el Ejército hebreo, era lanzar operaciones de infiltración para secuestrar soldados o tomar civiles como rehenes, sorteando bajo tierra la denominada “valla técnica”, el sistema de verjas y muros dotados de cámaras y detectores que controla la frontera.

En algunas zonas, como en Metula —en el extremo norte de Israel o “dedo de Galilea”— un paredón de cemento de ocho metros de altura marca el punto donde a finales de 2018 se localizó el primero de los túneles de Hezbolá. En el cercano kibutz de Misgav Ams, rodeado en gran parte por un tramo fronterizo, se han instalado sensores sísmicos y radares que rastrean el subsuelo para detectar actividades subterráneas.

Túnel de Hezbolá en Zarit, en la frontera de Israel con Líbano.
Túnel de Hezbolá en Zarit, en la frontera de Israel con Líbano.EFE

Los tambores de guerra se han acallado en el norte de Israel desde el verano de 2006, el conflicto que durante 34 días se cobró la vida de 1.200 libaneses y 165 israelíes, militares en su mayoría. Pero Hezbolá ya no es la guerrilla islamista surgida tras la invasión israelí del Líbano en 1982. Se ha transformado en milicia curtida en combate junto a las fuerzas de Siria y Rusia, después de más de nueve años de intervención en el conflicto del país vecino. Cuenta con más de 20.000 combatientes y otros tantos reservistas.

Para los servicios de inteligencia israelí, el disparo de su arsenal de 130.000 cohetes representa la peor pesadilla. Por eso la mayor parte de las incursiones de los cazas F-16 israelíes en Siria van dirigidas a impedir que pueda equipar misiles de medio y largo alcance con sistemas de guiado.

La presión diplomática de Israel, acompasada por las visitas guiadas al “túnel insignia” de Zarit, se multiplica también ante la próxima renovación del mandato de la FINUL, la fuerza de interposición de la ONU a la que Estados Unidos e Israel quieren dotar de atribuciones para desarmar a la milicia chií de Hezbolá en la frontera.

Desde la muerte de un militar español hace cinco años, la guerra soterrada no ha vuelto a cobrarse víctimas mortales en la frontera, donde reina una aparente calma salpicada de incidentes. Existe una calculada contención de los enfrentamientos para evitar una escalada bélica imparable.

La tercera guerra de Líbano (tras las de 1982 y 2006) estuvo a punto de empezar el pasado mes de septiembre, cuando Israel y Hezbolá intercambiaron misiles y bombardeos en la frontera libanesa, cerca de la base militar de Avivim. Cinco soldados salvaron la vida por poco tras el disparo de dos misiles antitanque Kornet, cuyo impacto aún es visible sobre el asfalto de la carretera que serpentea por la Línea Azul. Aparentemente, la milicia chií erró el tiro. El Ejército también simuló una evacuación de heridos a un hospital antes de admitir que en el “incidente táctico” no se habían registrado bajas en sus filas.

El reverso de esta guerra soterrada se mostró el pasado 15 de abril, cuando un dron israelí disparó misiles contra un vehículo ocupado por milicianos de Hezbolá en la linde entre Siria y Líbano. Un primer proyectil impactó a escasos metros del automóvil. Los ocupantes tuvieron tiempo de abandonarlo (presuntamente transportaba dispositivos para el guiado de cohetes), antes de que un segundo disparo lo destruyera por completo.

Las escaramuzas se suceden de forma regular. Carros de combate Merkava avanzaron la semana pasada hasta la Línea Azul frente a los fusiles de soldados libaneses. La tensión se reaviva por contenciosos como el de las llamadas Granjas de Sheba, un área montañosa que Israel considera unida a los Altos del Golán, bajo ocupación militar desde 1967, y que Líbano reclama como parte de su territorio.

Mientras Israel acusa a Hezbolá de incumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, Líbano denuncia que en 2019 las fuerzas israelíes intervinieron en más de 2.500 violaciones de su soberanía.

*El artículo se publicó en el diario El País

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