Miriam Kamionski: cuentos de una venezolana diáspora en Arad (I)

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Según el Diccionario Anaya de la Lengua Española, diáspora es la «dispersión de un pueblo o comunidad humana por diversos lugares del mundo; especialmente la de los judíos después de la destrucción del reino de Israel (siglo VI a. C.)». Otra definición es «el conjunto de comunidades de un mismo origen o una misma condición establecidas en distintos países».

Mario Augusto Beroes Ríos/Israel Internacional.-

Uno de estos «pueblos» calificado de diáspora es el judío. De hecho, se les conoce también como el pueblo errante. No son los únicos en el mundo, pero sí los que más han padecido el no tener un territorio propio. Miriam Kamionski, es un ejemplo de ello; judía,venezolana; a los 24 años sus padres deciden dejar Venezuela para residenciarse en los Estados Unidos, exactamente en Florida, que comenzaba a ser el nuevo ghetto judío en el país norteño.
 
Ella pensaba continuar sus estudios de odontología, en la Universidad de Gaisnville, pero no pudo entrar. «La lista de espera era muy larga, así que desistí de la idea».
 
-Un día, una muy buena amiga de Venezuela decide venir a visitarme y me cuenta que se va a ir a vivir a Israel y eso me llamó mucho la atención, la verdad no estaba haciendo gran cosa en Miami. Comencé a investigar y di con una institución llamada WUJS, o World Union of Jewish Students.
 

Miriam Kamionski cuenta que el programa consistía en un año. Había que establecerse en Arad al sur de Israel en el desierto; un lugar muy pintoresco con una población no mayor a los 23.000 habitantes, donde se encuentran unas ruinas que lo hacen ser un sitio turístico. Allí había un edificio para nosotros, éramos 1.200 personas de todo el mundo».

«Cuando le dije a mi familia lo que pensaba hacer todos se rieron, no me creyeron, mi hermano me dijo ni sabes hacer un huevo frito…. Pero seguí adelante con el proyecto».

-Seguí investigando. El programa consistía en 6 meses de estudios de hebreo, historia y cultura hebrea. El programa corría con los gastos de alojamientos y las 3 comidas, además de paseos por Israel. A los 6 meses uno decidía si seguía en el programa o se regresaba; si uno decidía por lo primero, entonces había que escoger si quería quedarse como turista o buscar un trabajo o irse a un Kibutz; cualquiera de estas opciones ellos lo ayudaban a uno a colocarse, y al cabo de otros 6 meses, nos reintegraban el dinero que habíamos pagado. Esto lo hacían con el fin de que uno se quedara en Israel, como parte de un proceso de poblamiento del país.

Los primeros 3 meses en Arad habíamos 600 personas nuevas y 600 personas terminando el primer periodo de 6 meses. Fue increíble, ya que conocí a unas 1.800 personas de todo el mundo, y compartí con ellas experiencias inolvidables.

Idioma, pepinos y lágrimas. 

-¿Cómo era el día a día en ese lugar?

-El  dia a dia era muy tranquilo, acudir al desayuno, luego clases, almuerzo otras clases y cena. Las noches siempre nos reuníamos y compartíamos en charlas, juegos Pero te cuento que cuando llegué a  Arad el contraste fue muy fuerte para mi. Lo primero que hice fue llorar a moco tendido, y me dije: cambiaste una casa con aire acondicionado, y todas las comodidades en los Estados Unidos para venirte a un desierto frío y helado. Me dije que estaba loca de atar, pero ya no había vuelta atrás, ya estaba allí y debía seguir adelante.

-Lo primero que hice fue hacerme muy amiga de la gente de la cocina; seguí el consejo de mi mamá que me dijo: «si estas bien con ellos, comerás bien y fue verdad, siempre tuve privilegios.

No fue fácil adaptarte, pero ya estabas allá y tenías que relacionarte con las demás personas ¿Cómo fue ese proceso?.

-Mi cuarto lo compartí con otras 3 muchachas; una de Nebraska, otra de Londres y la tercera de New York. Yo no hablaba inglés, solo español, así que imagina mi nivel de  frustración. Pasé una semana sin decir palabra hasta que me destapé. Nuestra primera salida fue ir al mercado a comprar verduras. Recuerdo que vi unos pepinos increíbles y compré varios, al llegar al cuarto quise hacerme una ensalada y pelé el primer pepino, pero era como extraño,raro y lo boté. Así con el segundo el tercero y el cuarto; frustración total. Al dia siguiente fui de regreso al mercado y como pude por el idioma, ya que sabia un poco de hebreo porque había estudiado en el Moral y Luces, entendí mi error. Me dijeron «no tu no compraste pepinos, compraste calabacín». ¡Madre mía que vergüenza pase, ignorante total!

-Pero había en Arad sitios para reunirse y disfrutar ¿Más allá de las ruinas existían para la época algún lugar de reunión o distracción?

-Sí. Frente al edificio estaba la plaza central, había un café, una pizzería, un abastos una tienda de ropa. Los miércoles en la noche, hacían bailes folklóricos y se pasaba un rato muy lindo. También nos organizaron paseos a Jerusalén, Beersheva, El Mar Muerto, Messada, Tel Aviv y Haifa; fueron espectaculares e inolvidables.

«Como Arad queda al sur de Israel, y es conocida como la «Ciudad entre 2 desiertos», ya que hace frontera con El Negev y el Desierto de Judea, todos los habitantes debíamos de hacer guardias nocturnas. En la estación de la policía, nos enseñaron a cargar y desmontar armas; fue muy interesante, pero cuando me dijeron toma el fusil, les dije: ¿no ven que es más grande que yo? Fue muy gracioso, hacíamos caminatas nocturnas de 2 o 3 personas y cada 4 horas se hacían los relevos».

Algo que me impactó mucho fue la primera vez que escuche el ruido de un avión cuando rompe la barrera del sonido, no sabía qué hacer, los cristales rechinaban y todos se paralizaban por un segundo, esa época era de mucho terrorismo.

Miriam estuvo en Arad desde Julio de 1981 a Enero de 1992. Escogió al final de los 6 meses quedarse en Israel ¡y demostrar que si podía! Se mudóa Jerusalem donde trabajó y vivió por un año, pero eso será otra historia de sus vivencias en el Estado de Israel

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