Los reyes Magos llegaron a Jerusalem

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Los Reyes Magos de Oriente o simplemente los Reyes Magos es el nombre con el cual la tradición cristiana denomina a los sacerdotes eruditos en el Antiguo Oriente, que, tras el nacimiento de Jesús de Nazaret, acudieron desde Oriente para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra.

Rosana Ordoñez V./Israel Internacional

Hoy, todo el mundo cristiano celebra de diferentes maneras a Baltazar, Melchor y Gaspar, a quienes se les personifica vestidos al modo persa y montados en camellos, caballos, barcos, carrozas y todo tipo de transporte, dándoles regalos a los más pequeños.

Sólo el Evangelio de Mateo habla de estos «magos» pero sin precisar sus nombres, ni decir que fuesen reyes, ni que fueran tres. Fue en el siglo III d. C. cuando se estableció que pudieran ser reyes, ya que hasta entonces, por sus regalos y las iconografías que los representaban, tan solo se consideraba que eran personas pudientes.

Los actuales nombres de los tres reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen por primera vez en el mosaico de San Apollinaire Nuovo (Rávena, Italia) que data del siglo VI d. C., en el que se distingue a los tres magos ataviados al modo persa con sus nombres encima y representando distintas edades.

Aún tendrían que pasar varios siglos, hasta el XV d. C., para que el rey Baltasar aparezca con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representen las tres razas de la Edad Media. Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos.

La palabra “mago”, proviene del persa y significa sacerdote. Llegó al griego como referencia a una casta de sacerdotes persas y babilonios que estudiaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios.​ Del griego pasó al latín de donde llegó al español.

El evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (aunque no especifica los nombres, el número ni el título de reyes) quienes, tras seguir una estrella, buscan al “rey de los judíos que ha nacido” en Jerusalén, guiándoles dicha estrella hasta Jesús nacido en Belén, y a quien presentan ofrendas de oro, incienso y mirra.

Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?”. (Evangelio de Mateo 2, 1-2).

Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Evangelio de Mateo 2, 11).

Se utiliza, en este caso la palabra mago para referirse a ‘hombres sabios’ (así se los llama en diversas versiones de la Biblia en inglés) o, más específicamente, hombres de ciencia. De hecho, también poseían conocimiento de las Escrituras​ y, desde siempre se ha sostenido que pertenecían al mazdeísmo.

A pesar de ser anciano y de haber reinado ya por más de treinta años, Herodes les ruega que averigüen el sitio preciso del nacimiento del Mesías (2:8) con el fin de poder acabar con su potencial competidor.

Los sabios, que no sospechan eso, encuentran al Niño, lo adoran y obsequian oro, incienso y mirra (2:11). Un ángel previene a los magos de las intenciones que Herodes guardaba (2:12), así que no regresan donde él. Iracundo, el rey manda a matar a todos los niños menores de dos años. Para entonces, José ha sido avisado en sueños (2:13) de que debe huir a Egipto con los suyos.

A partir de ese relato en el evangelio de san Mateo se han ido elaborando numerosas leyendas sobre los hechos y la personalidad de estas tres figuras.

Las tradiciones antiguas que no fueron recogidas en la Biblia, como por ejemplo el evangelio de la infancia, del siglo II, son más ricas en detalles. Se dice que tenían algún vínculo familiar, y también que llegaron con tres legiones de soldados: una de Persia, otra de Babilonia y otra de Asia.

Lo expresado por el papa Benedicto XVI

En el último libro escrito por el papa Benedicto XVI sobre Jesús de Nazaret, La infancia de Jesús, se menciona de tal modo a los Reyes Magos que algunos han sostenido que probablemente no venían de Oriente, sino de Tartessos, una zona que los historiadores ubican entre Huelva, Cádiz y Sevilla (Andalucía, España).

El texto, sin embargo, dice: “Así como la tradición de la Iglesia ha leído con toda naturalidad el relato de la Navidad sobre el trasfondo de Isaías 1:3, y de este modo llegaron al pesebre el buey y el asno, así también ha leído la historia de los Magos a la luz del Salmo 72:10 e Isaías 60. Y, de esta manera, los hombres sabios de Oriente se han convertido en reyes, y con ellos han entrado en el pesebre los camellos y los dromedarios”.

Eso relata Benedicto XVI y continúa: “La promesa contenida en estos textos extiende la proveniencia de estos hombres hasta el extremo Occidente (Tarsis, Tartessos en España), pero la tradición ha desarrollado ulteriormente este anuncio de la universalidad de los reinos de aquellos soberanos, interpretándolos como reyes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa”.

Al mencionar a Tartessos, Benedicto XVI se refiere a este límite geográfico que tenía el mundo en el siglo I a. C, “los Magos son de Oriente pero que en esa inquietud por buscar a Dios están representados los hombres buscadores de Dios de todos los lugares y de todos los tiempos”.

La literatura sobre los Reyes Magos de Oriente, tan entrañables para grandes y pequeños en las fiestas cristianas navideñas, se remonta a la antigua Persia, donde los sacerdotes recibían el nombre de Mogh, estudiosos de la teología astronómica. Recordemos en Génesis la descripción de cómo Dios crea el firmamento, comenzando por la luz, principio de toda reacción química. Sin luz no hay vida. Las lenguas contemporáneas de la persa, siríaca, egipcia, griega y latina utilizaron ya la palabra tal como la conocemos, magos: sacerdotes astrónomos.

 De su reconocida fama como expertos astrónomos ya daba cuenta en su tiempo Cicerón en su tratado “De divinatione”. Es la tradición, que no la documentación, la que habla de que fueron Reyes y tres. Una tradición que se fija oral y pictóricamente en la época de las Catacumbas, inicio del cristianismo. En su derredor, variaciones múltiples sobre el mismo tema, con un mismo denominador común.

  Los que se han acercado al tema en las distintas épocas no se ponen de acuerdo en sus países de procedencia, concluyen que pudieron ser de Persia, pero hay tradiciones nacionales opuestas a esta teoría. Es el caso de Omán, sultanato árabe, donde tienen como orgullo y timbre de honor que no uno, sino los tres Reyes Magos salieron de allí hacia Belén siguiendo la estrella.

Poco a poco la tradición ha ido añadiendo otros detalles a modo de simbología: se les ha hecho representantes de las tres razas conocidas en la Antigüedad, representantes de las tres edades del hombre y representantes de los tres continentes que existían: Asia, África y Europa.

Una leyenda cuenta que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en el reino de Saba, donde los bautizó y consagró obispos. Después fueron martirizados y depositados en un mismo sarcófago.

Allá fue santa Elena a buscarlos, y halló tres cuerpos coronados, dando por sentado que se trataría de los Reyes Magos, y los trasladó a Constantinopla. En el siglo XII Federico I Barbarroja los trasladó a Colonia, Alemania, donde hoy reposan con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia (según la tradición, los relicarios con sus presentes se hallan en el monasterio de San Pablo del Monte Athos).

Por supuesto el cine no es ajeno a la figura de los Reyes Magos. Numerosas películas han incluido a estos personajes en alguna escena.

En muchísimos países hay monumentos dedicados a la figura de los tres Reyes Magos de Oriente. La escena de los magos adorando al niño Jesús se convirtió en el tema favorito en el arte de los bajorrelieves, miniaturas y vitrales. En los hogares los tres Reyes Magos forman parte de la decoración navideña.

En España a partir del siglo XIX d. C. se inició la tradición de convertir la noche de Reyes (que es la anterior a la Epifanía) en una fiesta infantil con regalos para los niños, a imitación de lo que se hacía en otros países el día de Navidad, en homenaje al santo oriental San Nicolás.

Fue en 1866 cuando se celebró la primera cabalgata de Reyes Magos en Alcoy, tradición que se extendió al resto del país y posteriormente a otros países, especialmente a países de cultura hispana.​

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