Ley de reunificación exhibe grietas en gobierno de Bennett

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Parece que la homogeneidad, la unión en el gobierno de Naftali Bennett no es tan fuerte y sólida como parece y anoche, en la Kneset, se puso a prueba dicha unión.

Mario Beroes/Israel Internacional.-

La heterogénea “coalición del cambio”, liderada por el primer ministro Naftali Bennett tuvo ya su primera prueba con la discusión de la denominada ley de reunificación, que expira hoy martes y que se renueva anualmente en el Parlamento de Israel. Este mecanismo legal se usa para evitar la reunión de matrimonios palestinos separados a ambos lados de la línea verde.

Ningún resultado tenía la capacidad de tumbar al Ejecutivo, pero sí se abrieron significativas fisuras, fisuras que alargaron el debate durante horas.

“La medida se aprobó durante la Segunda Intifada (2003), alegando motivos de seguridad, que es la palabra mágica que permite al Estado aplicar la discriminación con aprobación del Tribunal Supremo”, decía el periódico Haaretz en su editorial.

Elevando la cuestión de la “amenaza demográfica”, la con­tinua renovación de la ley impide resolver el estatus de miles de familias.

 

 

Asmahan Jabali nació en Taybeh, dentro de Israel. Sus padres son originales de Tulkarem (a escasos kilómetros, en Cisjordania), y por ello fue registrada como residente allí, pese a que vivió toda su vida en territorio israelí.

Se casó con otro árabe de Taybeh y tienen tres hijos juntos, pero desde su nacimiento es una “residente ilegal”. Esto que afecta a todos los aspectos de su vida: sanidad, educación, alquileres o trabajos. Antes de cada votación anual, se desespera. “Espero que alguien en la Knesset entienda cuanto afecta a nuestras vidas”, exclama.

“Israel debe controlar quién puede entrar”

Las dispares sensibilidades ideológicas del Ejecutivo israelí afloraron ya antes de la votación. Si bien Bennett exigía “responsabilidad nacional” a la oposición del Likud para asegurar la mayoría, desde el izquierdista Meretz y el islamista Raam (ambos en la coalición) alertaron antes de la sesión de que votarían en contra.

El diputado progresista Mossi Raz dejó en claro que «no se puede encontrar ni un solo caso de gente que obtuvo así la nacionalidad en Israel y cometió un atentado”.

También resaltó una de las tantas contradicciones legales generadas por la ocupación militar en Cisjordania. “Si se considera a Hebrón como parte del país, ¿en qué afecta a la demografía que un palestino se mude dentro de la línea verde?”.

No obstante, sectores derechistas alegan que en el pasado algunos beneficiados por la reunificación familiar acabaron involucrados en actividades terroristas. Entre 1993 y 2003, unos 130.000 palestinos lograron la residencia en Israel gracias a la reunificación.

De volver a legalizarse, unos 200.000 la podrían lograr cada década, y hay quienes temen que pondría en peligro el balance demográfico del país.

El analista Zeev Kam, del canal público Kan11, resaltó la paradoja parlamentaria alcomentar que «la coalición, de 61 diputados, incluye facciones que naturalmente se oponen a la medida. Por ello, el Gobierno quedó en manos de la oposición, que si cumplía su amenaza de votar en contra, tumbaría la medida”.

Lapid: «la ley causa sufrimiento a personas que “no hacen nada malo”

El premier Bennett, consciente de que afrontará continuas arremetidas desde la oposición para debilitar su tándem con Yair Lapid, calificó de «juegos infantiles» argumentando que «existen temas que son líneas rojas, por lo que la nación debe controlar quién puede entrar”.

Por su parte, el centrista Lapid dijo que no había necesidad de esconder la esencia de la ley de reunificación. «Es una herramienta diseñada para asegurar la mayoría judía de Israel”. Pero reconoció que “en ocasiones causó sufrimiento humano innecesario, en personas que montaron sus familias sin hacer nada malo”.

Durante la jornada, el líder de la oposición, Benjamín Netanyahu, soportó una presión enorme para que el Likud votara en contra. De hacerlo, supondría una inexplicable contradicción ideológica, ya que el partido que lidera la derecha israelí está en contra de la reunificación de familias palestinas.

Pero para algunos pesa más la estrategia partidista: las facciones ultraortodoxas, y el extremista Sionismo Religioso –aliados del Likud–, pedían a Bibi imponer el voto negativo para sacudir prematuramente a la coalición.

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