Israel ¿un país ingobernable?

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La pandemia continúa haciendo estragos en la población israelí y pareciera que el Estado, a pesar de los innumerables esfuerzos y medidas tomadas para detener el Covid-19, no puede detener el incremento de contagiados que ya amenaza con desbordar el sistema de salud israelí. A esto se une la posibilidad de un cuarto proceso electoral legislativo en menos de dos años, algo jamás visto en este país.

Redacción Israel Internacional.-

A los contagios con el Covid-19, los más altos desde el mes de octubre, los problemas con los países vecinos que aún se niegan a entender la realidad de la existencia de Israel como nación, se une el problema de un gobierno fracturado que está por enfrentar a un frente político alternativo y a un Benjamín Netanyahu cuya hegemonía política está cuestionada por los evidentes casos de corrupción y la deserción de antiguos miembros de su partido, que además le disputan el liderazgo y el puesto de Primer Ministro.

La crisis electoral ha fracturado ya a la derecha y por primera vez en más de una década los sondeos auguran un frente alternativo a la hegemonía en el poder del conservador Benjamín Netanyahu. Si un improbable pacto de última hora para aprobar los presupuestos de 2020, u otra maniobra dilatoria, no lo remedia antes de la medianoche del martes, la frágil coalición que mantiene con el centrista y actual ministro de Defensa, Benny Gantz puede pasar a ser parte de la historia del pueblo judío ya que los israelíes volverían a las urnas en marzo del 2021.

Netanyahu y Gantz ya no se hablan. Ni el Consejo de Ministros ni el Gabinete que gestiona la pandemia se han reunido en las últimas fechas, y el líder centrista parece haberse enterado por la prensa del reciente acuerdo de normalización de relaciones con el reino de Marruecos

Cuando los dos líderes se disponían a instalarse en la coexistencia para capear el temporal de la previsible reimposición de restricciones para contener la propagación del coronavirus, un antiguo aliado y seguidor de Netanyahu en el Likud decidió abandonar el partido y, no solo montar tienda aparte, sino de llamar a varios de sus antiguos compañeros de tolda política y acabó con la unidad de la centroderecha israelíta. El exministro y diputado Gideon Saar, que ya había tratado de disputarle la nominación de Primer Ministro un año atrás, abandona su curul y crea el Movimiento Nueva Esperanza-Unidad por Israel, acompañado de varios parlamentarios.

“Si los sondeos (favorables a Saar) no detienen la loca carrera hacia una nueva elección, ya nada podrá detenerla”, vaticina el columnista Ben Caspit en las páginas de Maariv. La última encuesta del Canal 12 de televisión sitúa al Likud todavía en cabeza, con 27 de los 120 escaños en la Kneset (Parlamento), pero predice 21 diputados para el partido liderado por Saar, que se beneficiaría así de una sangría de votos sufrida tanto por Netanyahu como por Gantz.

De cumplirse estas previsiones, una eventual alianza con el resto de las fuerzas de centroderecha —de los exministros Yair Lapid, Naftali Benet y Avigdor Liberman y de centroizquierda —de Gantz y el movimiento pacifista Meretz— sumaría por primera vez desde 2015 una mayoría alternativa al bloque de la derecha nacionalista–religiosa del Likud y los partidos ultraortodoxos judíos. El llamamiento a la unidad frente a Netanyahu lanzado por el nacionalista laico Lieberman ha caído por el momento en saco roto.

“Para que los partidos del centro y las escisiones de la derecha puedan formar un Gobierno sin Netanyahu, el Likud debe caer por debajo de los 25 escaños”, explica el analista político Daniel Kupervaser, quien recuerda que el primer ministro cuenta con el respaldo incondicional de los ultrarreligiosos. “Si se convocan elecciones anticipadas en marzo es muy difícil predecir resultados”, advierte sobre la volatilidad de la política israelí.

“Cualquiera menos Bibi”

“Al margen de una Administración un poco más limpia, no cabe esperar cambios significativos (si se produce la alternancia)”, concluye Kupervaser. “La ciudadanía se ha dejado arrastrar por el debate entre ‘solo Bibi (apodo familiar de Netanyahu)’ o ‘cualquiera menos Bibi’ mientras cierra los ojos (a los demás problemas)”.

La izquierda tradicional —que hace tres décadas pilotó desde la mayoría parlamentaria el proceso que condujo a los Acuerdos de Oslo con los palestinos— casi ha desaparecido de la escena electoral en Israel. Los sondeos sitúan ya al Partido Laborista como fuerza extraparlamentaria, mientras Meretz bordea el umbral mínimo de sufragios que da acceso a la Cámara (3,25%).

Después de haberse visto desbordado por la arrolladora victoria de Netanyahu (más del 70% de los votos), en las primarias del Likud, Gideon Saar desafía de nuevo a su antiguo jefe de filas, quien en las próximas semanas tendrá que enfrentarse a un juicio bajo las acusaciones de fraude y cohecho. Hijo de un médico de origen argentino, Saar (Tel Aviv, 54 años) se presenta como un nacionalista conservador de rostro humano. Fue sucesivamente ministro de Interior y de Educación entre 2009 y 2014, hasta que el primer ministro le condenó al ostracismo por haberse aliado en su contra con el presidente del Estado de Israel, el también dirigente del Likud Reuven Rivlin. Ahora se define en solitario como “defensor de los derechos históricos sobre el Gran Israel (que incluye Jerusalén Este y Cisjordania)” y de su “identidad como Estado nación judío”.

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