Israel bajo la mirada de una venezolana

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No siempre es sencillo el contraste entre dos religiones. Las diferencias parecen insalvables y aunque entre la judía y la católica es mucho más lo que las une que lo que las diferencia, los «detalles» entre ambas marcan aspectos aún irreconciliables. Sin embargo, y como una vez dijo el papa Juan Pablo II, «los judíos son los hermanos mayores de los católicos»; una verdad del tamaño de una Iglesia…o una Sinagoga también.

Mario Augusto Beroes Ríos/Israel Internacional.-

En Caracas, capital de Venezuela, hay una urbanización al noreste de nombre muy católico: San Bernardino, lo cual no fue inconveniente para que se convirtiese desde mediados del Siglo XX en el gueto de la comunidad judía. De hecho ahí se encuentran varias sinagogas, locales comerciales y sedes de agrupaciones vinculadas con el pueblo hebreo, y a pesar del paso de los años, muchas familias judías continúan viviendo allí.

Es a esa urbanización donde llega muy niña, Virginia Múgica; venezolana e hija de inmigrantes españoles. Es en San Bernardino donde ella tendrá su «primer contacto con lo que era otra religión que no era la mía».  Tenía 8 años y un día conoció a sus vecinos, entre los cuales había una niña de mi edad, y que con el transcurrir de los años se convirtió en su mejor amiga; » y de eso hace ya más de 50 años».

-A pesar de las diferencias de costumbres, de colegios y de amigos, era para mi  usual el rezo de los viernes, ir a comprar el pan Jala a la Pastelería Garber, una de las panaderías y pastelerías emblemáticas hebreas en Caracas; Inclusive el ir a la Unión Israelí a un matrimonio, un Bar Mitzvá o a un cumpleaños los sábados.

Asegura Virginia Múgica que quizás, todo ese recorrido por tantas vivencias, la llevaron muchos años más tarde, en 2017, acompañada de su hija, a realizar un viaje a Israel, país que me pareció maravilloso por su enorme carga histórica, y sus costumbres.

«Soy arquitecto y me marcó la mezcla de modernismo de una urbe como Tel Aviv y el misterio e historia de Jerusalem. Aprecio mucho el paisaje urbano y el observar y disfrutar de esos contrastes fue algo que no se olvida».

 «El ver y estar en todos los sitios tantas veces recorridos en mis rezos o idas a misa y ahora palparlos, caminarlos, sentirlos; simplemente estar ahí, era maravilloso».

-¿Qué te llamó más la atención de tu estadía en Israel?

-El Monte de los Olivos y el Rio Jordán, y ni que decir de recorrer el camino de las Estaciones o Paradas de la crucifixión de Cristo y ver que cada una de dichas estaciones estaban en el recorrido de un mercado, con un pasillo estrecho y con una placa que hacía mención el número y ya. Algo tan significativo en mi religión católica y, sin embargo es el día a día de las personas que ahí viven o hacen su trabajo. Es un mercado con mucho movimiento por la visita de los turistas, y a la vez, una mezcla de la vida actual con la de más de 2.000 de historia. 

«Me causó gran emoción estar en el salón donde se realizó la Última Cena. Me senté en la escalera lateral del salón vacío, imaginando y visualizando todo en el lugar y ese momento tan significativo para mi, ya que soy devota del Cristo de la Misericordia».

-En general visitar tantos sitios hermosos y con tanta carga y legado de historia fue emocionante y si a eso uno la comida, costumbres, forma de vestir; inclusive las diferencias religiosas resulta que conforman una emoción muy grande y particular.

Despacito en Belen

Como nota realmente curiosa Virginia Múgica señala lo que le sucedió al visitar Belén, para entrar en la Iglesia de la Natividad al sur de Jerusalén «y tomando en cuenta todo lo que significaba entrar en la zona palestina, que es donde está ubicada, a lo que unes el número tan grande de personas recorriendo el lugar y además que me encontraba a miles de kilómetros de Venezuela; el bajarme del autobús en otra zona de mercado previa a la Iglesia, escucho la canción Despacito; me pareció algo incríble. Lo mejor era que todas las personas, y habían de diversas nacionalidades e idiomas distintos la tarareaban».

Muro de los Lamentos

-No puedo dejar de comentar lo imponente que resulta el Muro de los Lamentos, un sitio con mucha seguridad y que te impacta ver, observar cómo van las personas y rezan, lloran y piden con un enorme fervor por sus cosas. Tal grandeza y magnitud del lugar lo conmueven a uno.

Otro sitio que impactó a Virginia Múgica es el Museo de Holocausto; «no solamente por el contenido del mismo, sino por lo que representa para cada persona que lo visita. Es un sentimiento muy particular que te llega al fondo de tu ser, por todo lo que ves, sientes y descubres que pasó y que describen en el Museo».

«Te puedo resumir que el viaje fue realmente maravilloso y lo repetiría; es más es algo que espero hacer ya que quiero volver a recorrer no solamente lo que ya conocí, sino además conocer muchas cosas que me faltaron ver. Espero que sea pronto».

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