Shoa: No perdonar; no olvidar

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La presencia en Jerusalén de dignatarios de toda la tierra: reyes, presidentes y destacadísimas figuras, es un reconocimiento al pueblo símbolo de lo que en él se conmemora, pero al mismo tiempo tiene el significado de que el hombre, cualquiera sea su procedencia geográfica, posición política, filosófica o religiosa, está adquiriendo conciencia que no debe permitirse que el odio o la discriminación imperen sobre el planeta.

Apolinar Martínez/Israel Internacional

La causa de todo este despliegue no es otro que la conmemoración de los 75 años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz.

La muerte como sistema

Pero que es Auschwitz, podrían preguntarse quienes ignoren los hechos allí suscitados y que parecen de ficción, o en tiempos demasiados remotos.

A ellos, por el desconocimiento y a todos los seres, para evitar que puedan sucederse horrores de tal naturaleza, pero que podrían repetirse si no se toman las previsiones correspondientes, es vital mantenerlos informados

El campo de concentración de Auschwitz, situado en Oswiecin, a 43 kilómetros de Cracovia, Polonia, fue el invento final de la maldad nazi, para lo que llamaron “la solución final” o exterminio de los

Pero la insania nazi no conocía límites, y al concluir que deberían exterminarse a todos los judíos, Auschwitz adquirió, y eso pasó en 1942, en el laboratorio para la muerte, con hornos crematorios, fosas comunes donde los cuerpos eran arrojados como basura, hasta que apareció el monstruo Joseph Mengele, un médico que comenzó a investigar en aquellos seres, ya suficientemente desgastados por las torturas, métodos para matarlos en forma más rápida mediante métodos “científicos”.

Liberada el 27 de enero de 1945

Sería en la postrimería de la Segunda Guerra Mundial, concretamente el 27 de enero de 1945, cuando las tropas soviéticas localizaron ese centro de miseria, del cual habían huido los carceleros, que dejaban detrás un saldo de un millón de muertos.

No olvidar, no perdonar

De lo que se trata es de no olvidar, y también de no perdonar; y ello no por venganza, sino para impedir que pueda repetirse.

Ello da la Cumbre de Jerusalén, y a la cita en el propio Auschwitz, importancia de trascendencia histórica.

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