Hace 60 años, Israel juzgó al nazi Adolf Eichmann

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Hace 60 años se abría en Jerusalén el juicio al criminal nazi Adolf Eichmann, que permitió al mundo entero escuchar el testimonio de muchos supervivientes del genocidio judío.

Eduard Yitzhak/Israel Internacional.-

Desde la primera audiencia del exteniente coronel SS hasta su ejecución en la noche del 31 de mayo de 1962, ésta es la crónica del «Nuremberg judío», un acontecimiento clave en la fijación del holocausto en la memoria colectiva de Israel, a partir de los despachos de la época de la AFP.

Fue en un tribunal colocado bajo alta protección que se inició en Jerusalén el martes 11 de abril el proceso del hombre de 55 años, juzgado por su participación en la Solución Final que envió a la muerte a seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Secuestrado en Argentina el 13 de mayo de 1960 por agentes del Mossad, el servicio de inteligencia israelí, después de ser buscado durante varios años, Eichmann pasó 316 días en un lugar secreto en una prisión especialmente preparada para él en el norte de Israel.

15 cargos 

La AFP describe al acusado «vestido de traje negro, con una corbata oscura y camisa blanca, la mirada apuntando a lo lejos detrás de unos grandes anteojos». Amplia frente calva, labios cerrados con firmeza, el detenido «mejor custodiado del mundo» entró a las 9H00 al cubículo de vidrio a pruebas de bala que se le reservó.

Con auriculares, escucha, impasible, la traducción al alemán de la lectura en hebreo de los 15 cargos en su contra.

Crímenes contra el pueblo judío, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, saqueos, deportaciones, abortos forzados, esterilizaciones, exterminio… Eichmann, según la ley israelí de 1950, puede ser condenado a la horca por estos cargos.

 «Pequeño funcionario banal» 

Las palabras del presidente del tribunal Mosche Landau resuenan en cada rincón de la gran sala de la «Casa del Pueblo, cuyos 700 asientos están ocupados.

Observadores, diplomáticos y unos 450 periodistas se agolpan para ver al «ingeniero de la muerte», un alto responsable del Reich responsable de la organización de los flujos de trenes y el reparto de los deportados en los campos de concentración y exterminio en Europa.

«Esperábamos una especie de ogro, dada la amplitud de sus crímenes, pero Eichmann parecía solo un pequeño funcionario. Banal, feo», contó a la AFP en 2011 Marcelle Joseph, que había grabado de manera íntegra el proceso y luego mecanografió la traducción.

Pero, según esta mujer, «el horror no venía tanto del hombre, mediocre, patético incluso, sino de lo que decían los testigos».

En el estrado, 111 testigos desfilarán a los largo de cuatro meses y tres días de proceso para dar a conocer sus inenarrables relatos ante los canales de televisión del mundo entero y escritores como Haim Gouri, Elie Wiesel, Joseph Kessel o Roger Vailland.

La agonía de las cámaras de gas

Un superviviente cuenta cómo fue conducido con más de mil judíos hasta una fosa en Polonia. Los SS los hicieron arrodillar y dispararon un tiro en la cabeza a aquellos que intentaban ponerse de pie. Luego obligaron al resto a desvestirse y los mataron al borde mismo de su tumba en común.

Otro, que escapó de Treblinka, recordó la agonía de las cámaras de gas. Las víctimas estaban tan apretadas que incluso muertas permanecían de pie, y se podía ver a las familias tomadas de la mano.

Si reconoce haber estado involucrado en «cosas espantosas», Eichmann se atrinchera en las órdenes recibidas. «Los únicos responsables son mis jefes, mi única culpa es mi obediencia», repite, afirmando no ser «el monstruo que se dice».

La filósofa Hannah Arendt verá en él la encarnación de «la banalidad del mal».

El 15 de diciembre de 1961 llega la sentencia: ahorcamiento.

Ante una sala repleta, el presidente Moshe Landau subraya que «Eichmann fue hallado culpable de crímenes aterradores, diferentes a todos los crímenes contra individuos hasta el momento, ya que se trató del exterminio de un pueblo entero». «Durante muchos años aplicó esas órdenes con entusiasmo», precisa también el tribunal.

«No me siento culpable» 

El abogado del condenado, Robert Servatius, apela, pero el recurso es rechazado por la Corte Suprema el 29 de mayo de 1962.

Lo mismo ocurre con el pedido de gracia solicitado por Eichmann ante el presidente israelí Itzhak Ben-Zvi.

«No era un jefe, y por ello no me siento culpable», escribió en su súplica.

Eichmann fue ahorcado en la noche del 31 de mayo de 1962 y luego cremado. Sus cenizas fueron arrojadas fuera de las aguas territoriales de Israel.

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