Elecciones: encuestas a pie de urna apuntan a un virtual empate

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Aunque su principal rival, Benny Gantz, fue según los primeros resultados el candidato más votado, el partido del actual primer ministro tiene más posibilidad de formar una coalición de gobierno.

Tanto el primer ministro Benjamin Netanyahu como su principal rival Benny Gantz reivindicaron la victoria en las elecciones generales de Israel el martes (09.04.2019) mientras los sondeos a pie de urna revelaban un resultado muy reñido.

En las elecciones más reñidas en Israel desde hace una década, los sondeos a pie de urna apuntan a un empate técnico.

El primer ministro, el conservador Benjamín Netanyahu, así como su rival centrista, el exgeneral Benny Gantz, obtendrían en torno a 36 de los 120 escaños del Parlamento, que quedaría muy fragmentado entre otra decena de partidos, según los datos del Canal 13 de televisión (privado) y el canal 11.

Otros medios televisivos, como el Canal 12 (estatal), asignaban en sus proyecciones 37 diputados a la alianza Azul y Blanco del antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército, frente a los 33 del jefe de Gobierno saliente.

«El bloque de derecha liderado por Likud obtuvo una clara victoria», dijo Netanyahu, citando la formación de un gobierno en la noche. Por otro lado, su rival Benny Gantz exclamó: «¡Ganamos!», y afirmó que «estas elecciones tienen un claro ganador y un claro perdedor».

Los seguidores de Gantz celebraron la «victoria» en Tel Aviv, aunque admitiendo que les va a ser difícil llegar a gobernar. «Estamos muy felices con estos resultados; es una victoria clara…. es muy difícil crear una coalición en Israel, pero estos resultados prueban que el país expresó muy claramente que no quiere a Benjamín Netanyahu», dijo a Efe un seguidor del movimiento centrista, Guy Levy, en medio del ambiente festivo de los simpatizantes en la sede establecida por el partido para la celebración.

Menos optimistas han sido las primeras reacciones del lado palestino: los israelíes dijeron en las urnas «no a la paz y sí a la ocupación», adelantó un representante palestino. Saeb Erekat, jefe negociador palestino, añadió que votaron por «mantener el status quo» y auguró años de estancamiento en el proceso de paz: «quieren que vivamos bajo un apartheid más marcado que el que existió en los peores momentos del de Sudáfrica».

A pesar del triunfo de la lista de Gantz, las encuestas dan como más probable la formación de un gobierno de derechas, al calcular para el bloque de centro e izquierda entre 56 y 60 escaños y para la derecha entre 60 y 66.

Todos los sondeos previos indicaban que el resultado sería sumamente ajustado y que, tras constituirse el nuevo parlamento, la formación de un nuevo gobierno dará lugar a intensas negociaciones. La carrera por el poder se decide entre Netanyahu, apoyado en su partido de derecha Likud, y Gantz, en representación de su partido de centro derecha Azul y Blanco.

Negociaciones complejas (Análisis de EL País)

En un fragmentado futuro Parlamento, con una docena de partidos disputándose el poder —la mayoría de ellos por debajo del 5% de los votos nacionales—-, y en el que las dos formaciones mayoritarias rondan el 30% de los sufragios, las combinaciones posibles para gobernar se convierten en toda una cábala. En la tierra de tradición mística judía, este arcano parece superar a todos los institutos demoscópicos, que se han curado en salud durante la campaña en sus cautelosas predicciones.

El bloque de centroizquierda, que ahora lidera la alianza centrista Azul y Blanco del exgeneral Gantz, agrupa a laboristas, una fuerza venida a menos que va encaminada a obtener una tercera parte de los escaños que recibió en 2015, en una catástrofe política en toda regla que cabe atribuir a su último líder, Avi Gabbay. También incluye a la izquierda pacifista de Meretz, que parece tener garantizada su presencia en la Kneset y sobrevive, con apenas cinco escaños, al límite de la irrelevancia.

La oposición sionista de centroizquierda no aceptará en ningún caso formar Gobierno con los partidos árabes —Haddas-Taal (siete escaños) y Balad (al filo de la exclusión)—, que cuestionan el carácter judío del Estado, pero sí puede aceptar su apoyo externo, sobre todo después de haber contribuido a bloquear una eventual investidura de Netanyahu. La tasa de participación en los municipios con mayoría de población árabe se situaba al filo del cierre de los colegios en mínimos históricos, según la prensa hebrea, tras alcanzar su máximo en 2015, con dos terceras partes de los censados.

Desde Cisjordania, el secretario general de la Organización para Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat, consideró que los sondeos mostraban que «los israelíes han dicho no a la paz y sí a la ocupación», ya que «solo 18 de los 120 diputados de la nueva Cámara respaldan la solución de los dos Estados», es decir, un Estado palestino independiente.

Varios son los elementos desestabilizadores que comprometen la formación de Gobierno tras los comicios. La fragmentación de las coaliciones posibles apunta a que las exigencias de los partidos minoritarios se tornen disparatadas, tanto en carteras como en presupuestos, muy por encima de su representación real. La alternativa, de la que nadie quiere hablar por ahora en Israel, es una gran coalición según el modelo alemán entre Netanyahu y Gantz.

El bloque conservador, encabezado por el Likud de Netanyahu, congrega a media docena de partidos ultraderechistas, nacionalistas religiosos, colonos acérrimos defensores de la ocupación y píos ultraortodoxos. La previsión de chantaje político continuado es particularmente creíble en el campo de la derecha, donde los partidos ultraortodoxos —Unión por la Torá y el Judaísmo (judío askenazi, siete escaños) y Shas (sefardí u oriental, siete diputados)— suelen succionar fondos para sus instituciones religiosas y centros educativos. El partido Israel, Nuestra Casa también rozaba la exclusión. Liderado por el exministro de Defensa y Exteriores Avigdor Lieberman, defiende solo los intereses de la comunidad de origen ruso, laica pero ultraconservadora. La Unión de Partidos de Derecha (cinco escaños), mientras tanto, en la que priman los colonos religiosos de Cisjordania, ha incorporado a la formación Fuerza Judía, heredera del partido racista Kach, proscrito hace tres décadas y caracterizado por la violencia hacia los palestinos que propugnaba su jefe de filas, el rabino Meir Kahane.

El partido Nueva Derecha —codirigido por el ministro de Educación, Naftali Bennett, y la titular de Justicia, Ayelet Shaked, ambos antiguos dirigentes del Likud— entrará sin reparos en la coalición gubernamental si supera el umbral del 3,25% de los votos. Ese no es el caso de los centristas moderados y reformistas de Kulanu (cuatro escaños), cuyo líder, el ministro de Finanzas, Moshe Kahlon, puede oscilar entre el bloque conservador y el de centroizquierda, en función de las contrapartidas que obtenga a cambio de su apoyo.

Kahlon, procedente también del Likud, previsiblemente se inclinará por repetir su actual alianza con Netanyahu. La gran incógnita era la del líder de Zehut, Moshe Feiglin, que finalmente fue expulsado de la carrera por no superar el umbral mínimo.  El dirigente de Zehut se había decantó después por un ultraliberalismo económico rayano en la supresión del Estado. Además de la despenalización del consumo de marihuana, había exigido durante la campaña el ministerio de Finanzas como condiciones sine qua non para brindar su apoyo en la coalición gubernamental, que puede ser clave para la formación de Gobierno. La mitad de la población reconoce haber fumado derivados del cannabis al menos una vez en su vida pese a estar prohibido y sancionado.

Fuente: DW y El País

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