El resurgir de los extremos

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El 13 de febrero del presente año, a la vista del mundo ocurrió una escandalosa manifestación nazi en Madrid. Un acto en el Cementerio de la Almudena en homenaje a los caídos de la División Azul española que combatió junto a la Alemania de Hitler, en la batalla de Krasni Bor.

Beatriz de Rittigstein/Israel Internacional.-

Unos 300 participantes hicieron el saludo nazi y cantaron canciones alegóricas al fascismo. Entre los discursos, llamó la atención el de Isabel Medina Peralta, quien aseveró que «es nuestra suprema obligación luchar por España y por una Europa ahora débil y liquidada por el enemigo, el enemigo que siempre va a ser el mismo, aunque con distintas máscaras: el judío. Porque nada hay más certero que esta afirmación: el judío es el culpable”.

La marcha fue convocada por la Juventud Patriota de Madrid, una facción de extrema derecha de la ciudad y fue secundada por grupos de derechistas de toda España. Según voceros policiales, contaba con el permiso para su realización.
Por supuesto que la extrema derecha es sumamente peligrosa y a lo largo de la historia, desde su aparición, ha causado numerosas tragedias. Al mismo tiempo que en la actualidad advertimos el renacimiento de movimientos inspirados en este tipo de ideologías, también vemos proliferar agitadas tendencias de ultraizquierda tan o más temibles que los que le hacen contraste.
La extrema derecha se reconoce de inmediato, como vimos en la reciente demostración en Madrid, no genera dudas, se mostraron tal cual son, sin ocultar ni disimular. En cambio, la ultraizquierda se mimetiza tal como lo hace el camaleón; muchas veces se camufla respaldando a una serie de corrientes loables y en esta diferencia radica parte de su peligrosidad. Además, como notamos también en España, la extrema izquierda establece alianzas con el radicalismo islámico.
Estos tres extremismos resurgidos en el presente o, como muchos opinan, nunca se fueron, son profundamente antisemitas, en esencia porque el judaísmo ampara el libre pensamiento y se identifica con el sistema democrático y de derechos. Debemos recordar que lo que empieza con los judíos, no termina con ellos. Como el poema del pastor luterano Martin Niemöller: “Vinieron por los judíos, y yo no dije nada, porque yo no era judío… Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí”.

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