¿El prgamatísmo quedó a un lado en las elecciones del 2 de marzo?

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La diferencia entre los líderes y quienes son simples dirigentes políticos se aprecia por el manejo que se tiene en los momentos de crisis. Precisamente eso está ocurriendo con los dos candidatos que aspiran a dirigir a Israel tras las elecciones del dos de marzo.

Apolinar Martínez-Mario Beroes/Israel Internacional

Mientras Benny Gantz, quien a pesar de tener en las encuestas hasta 32 diputados al Kneset (Parlamento), apenas uno menos que su gran rival, aparece como desgastado, ”Gantz parece haberse dormido en los laureles”, destaca el analista electoral Daniel Kupervaser, “mientras Netanyahu ha multiplicado sus reacciones mediáticas”.

El Likud toma la ventaja por vez primera

En la recta final de la campaña para las legislativas del 2 de marzo, las terceras que se celebran en Israel en menos de un año, el partido Likud de Benjamín Netanyahu se sitúa por primera vez en cabeza en los sondeos tras haberse visto superado por el líder de la oposición, Benny Gantz.

Ni la alianza conservadora que apoya al primer ministro ni el bloque de centroizquierda que respalda al exgeneral suman, sin embargo, mayoría suficiente para romper el bloqueo político.

La media de las últimas encuestas de intención de voto publicadas asigna al gubernamental Likud 33 de los 120 escaños que conforman la Kneset (Parlamento) frente a los 32 de la alianza centrista Azul y Blanco liderada por Gantz, un antiguo jefe de las Fuerzas Armadas que hace poco más de un año estrenaba su carrera política y quien hasta ahora había encabezado los sondeos con hasta 36 diputados.

Netanyahu cobra vida

Cuando parecía que Netanyahu estaba liquidado e incluso con la posibilidad de ser enjuiciado por corrupción, surgieron dos elementos que fueron aprovechados por el primer ministro con toda su fuerza.

En primer lugar su presencia en la entrega del Plan de Paz del presidente estadounidense Donald Trump,  que favorece los intereses de Israel; el control de la reciente escalada bélica con la Yihad Islámica en la franja de Gaza, y en segundo término la gestión de la crisis sanitaria del coronavirus —mediante expeditivas repatriaciones de nacionales y cierres de fronteras a extranjeros— parecen estar detrás de la remontada del primer ministro.

Su rival en la oposición, mientras tanto, ha tenido que corregir sobre la marcha la deriva de su campaña, después de haber virado a la derecha para intentar captar votos nacionalistas con mensajes de respaldo a la ocupación de Cisjordania y a la anexión de los asentamientos judíos y el valle del Jordán.

Todavía hay que sacar cuentas

Pese al impulso electoral ganado por Netanyahu, que dirige el Gobierno israelí de forma ininterrumpida desde 2009, a escasos días de las votaciones, ninguna de las proyecciones publicadas prevé una mayoría de al menos 61 escaños para la actual coalición conservadora. Junto con los escaños de los dos grandes partidos ultraortodoxos judíos, Unión por la Tora y el Judaísmo (askenazí) y Shas (oriental o sefardí), y los de la extrema derecha nacionalista de la alianza Yamina, encabezada por el ministro de Defensa, Neftali Bennett, el Likud no obtendría más de 56 escaños.

El empate entre bloques que forzó la sucesiva repetición de los comicios tras las legislativas de abril y septiembre de 2019 amenaza con reproducirse en las urnas el próximo lunes. Los mismos sondeos citados auguran otros 56 diputados para la suma obtenida por la lista Azul y Blanco, de Gantz, y sus previsibles aliados en una votación de investidura.

Por un lado, contaría con el voto de la candidatura conjunta integrada por el laborismo, el partido centrista Gesher y el pacifismo de izquierdas de Meretz. Por otro, le podría aupar al poder la coalición Lista Conjunta, constituida por cuatro partidos que concentran el voto de la minoría árabe israelí, que representa una quinta parte de la población de Israel.

Estas últimas fuerzas, en las que también participan sectores laicos árabes y de la antigua izquierda comunista israelí, difícilmente entrarán a formar parte de un Gabinete sionista, como el presidido por Gantz. Tras los anteriores comicios, los partidos árabes le garantizaron apoyo parlamentario externo para desalojar del poder a Netanyahu, el jefe de Gobierno que más tiempo ha ocupado el cargo en la historia del Estado hebreo.

La llave de la gobernabilidad

La llave de la gobernabilidad va a seguir en manos del exministro Avigdor Lieberman, cuyo partido conservador laico Israel Nuestra Casa alcanza ocho escaños en los sondeos. Lieberman ha reiterado en campaña que no sostendrá un Ejecutivo liderado por el actual primer ministro.

Dos semanas después de la nueva repetición electoral, Netanyahu deberá comparecer ante el tribunal de Jerusalén que va a juzgar los tres casos de corrupción en los que ha sido imputado por soboreno y fraude por la Fiscalía General israelíta. La formalización oficial de las acusaciones, después de tres años de investigaciones de la unidad anticorrupción de la policía, no parece haber hecho mella en las expectativas electorales del líder del Likud.

Netanyahu le ha dado la vuelta a la tendencia de los sondeos durante la campaña. Estos asignaban a la alianza Azul y Blanco de Gantz la condición de partido favorito. “Ahora es él quien corre en cabeza y el destinado a ganar en primer lugar”, subraya el analista del diario Yedioth Ahronoth Yuval Karni, “mientras que Gantz muestra una tendencia negativa e intenta recuperarse al final de la campaña”. 

Pragmatismo contra podredumbre

Las últimas encuestas de intención de voto ofrecen los mismos resultados de las pasadas elecciones, un casi empate técnico entre el Likud, partido del actual primer ministro, y Azul y Blanco, encabezado por el exjefe del Ejército Benny Gantz, de centro. Más de centro derecha que de izquierda, pero con reputación de centro izquierda.

“Solo habrá un cambio radical si Bibi (como se conoce popularmente a Netanyahu) sale de la contienda”, aseguran analistas. Y, por ahora, nada apunta a que lo vaya a hacer. Los procedimientos legales contra él podrán tomar varios años hasta resolverse.

En estas circunstancias Avigador Liberman, líder del partido nacionalista Israel Nuestro Hogar, sigue siendo la clave de la gobernabilidad, así como fue la clave del desgobierno cuando abandonó la coalición por no apoyar la tradicional política israelí de eximir a los ultraortodoxos del servicio militar obligatorio.

En opinión de muchos, Liberman está jugando un papel de obstrucción. Tal vez porque sea un purista y su ideología le impide ser flexible. El político ha reiterado que nunca se sentará en un Ejecutivo con ultraortodoxos ni con los árabes israelíes de la Lista Unida, que en esta ocasión puede que alcancen el número sin precedentes de 15 escaños y vuelvan a ser la tercera fuerza- o tal vez porque su personalidad le empuja a querer ser el custodio del consenso.

Sea por el motivo que fuera, la analista critica su falta de pragmatismo: “Sabemos que en Israel sin pragmatismo no funcionan las cosas. Todos los primeros ministros han sido prácticos para poder avanzar; Beguin, de la derecha, devolvió el Sinai, Ben Gurión, de la izquierda, pactaba con los ultraortodoxos. Este es un país demasiado diverso como para no ser pragmático”, opinó Legzhiel.

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