Encierro enferma de COVID-19 a los niños

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Ni guardería, ni escuela, ni reuniones con amigos, ni deportes, ni música: las consecuencias de las medidas para frenar el coronavirus son dramáticas para los niños y jóvenes.

Redacción Israel Internacional.-

A finales de diciembre, acudieron a la consulta del pediatra Axel Gerschlauer, en la ciudad alemana de Bonn, tres adolescentes que se habían cortado ellos mismos gravemente el antebrazo. «Normalmente se ven estos casos cada tres o seis meses”, dice Gerschlauer. «Fue cuando realmente me di cuenta de que algo muy malo estaba ocurriendo aquí», agrega.

Y esto a pesar de que el pediatra no ve actualmente a todos sus pacientes adolescentes, niños y bebés. Algunos evitan su consulta por miedo a contraer el COVID-19. En cambio, el teléfono de Gerschlauer no deja de sonar, con padres desesperados y estresados que buscan ayuda en sus consultas telefónicas.

«Los problemas se han trasladado totalmente al estrés psicológico. Los trastornos de ansiedad, de concentración o del sueño han aumentado de forma masiva en los últimos meses», afirma el médico.

En Alemania, desde mediados de diciembre del año pasado se aplican restricciones más estrictas. En muchos estados federados, las escuelas y los jardines de infancia están cerrados. Tampoco están permitidas las actividades de ocio, como los deportes de equipo.

Retraso en el desarrollo

Gerschlauer es también el portavoz de prensa de la Asociación Federal de Pediatras y Médicos para Adolescentes de la región del Norte del Rin. De modo que si alguien tiene una idea de cómo la están pasando los 13,5 millones de menores en Alemania en la crisis del coronavirus, es el pediatra de Bonn.

Lo que escucha de sus cientos de colegas en su trabajo diario suena cada día más dramático: «Problemas de comportamiento, retraso en el desarrollo del habla, muchos niños también han engordado mucho. Consumo masivo de medios de comunicación. Y los padres que no vienen con los niños a las revisiones médicas preventivas». Una encuesta realizada a 347 psicoterapeutas también lo confirmó.

En Alemania, las guarderías y escuelas permanecen cerradas.

El doctor Gerschlauer cree que él y sus colegas solo pueden adivinar los efectos reales del confinamiento en los niños y jóvenes en la actualidad. Porque también están los numerosos casos de maltrato infantil, de los que incluso los pediatras solo conocen una parte.

Alemania, eso es seguro, tendrá que invertir mucho tiempo y dinero para conseguir que cientos de miles de menores vuelvan a la normalidad en cierta medida. «Va a ser una tarea enorme. En los próximos dos años necesitaremos un plan y tendremos que ampliar masivamente el personal. Especialmente con los psicoterapeutas, necesitamos un 50% más», dice Axel Gerschlauer.

Niños y jóvenes buscan ayuda por teléfono

En Alemania, los niños y jóvenes que se dan cuenta de que necesitan ayuda y son más independientes pueden marcar un número de teléfono desde hace 40 años: 116111, el denominado «Número contra el dolor”. En el pasado, los consejeros voluntarios solían escucharlos hablar del primer desamor, una mala nota en la escuela o incluso una pelea con los padres.

Hoy, además, son el primer punto de contacto para quienes no soportan bien las consecuencias del cierre de la vida pública. Niños de tan solo ocho años están llamando. «Los problemas de salud mental y soledad han aumentado masivamente en los últimos meses. Y también hemos tenido un aumento de niños que denuncian experiencias de violencia», dice Anna Zacharias.

La especialista en relaciones públicas del «Número contra el dolor” tiene mucho trabajo en este momento, porque la organización es de repente también un gran tema en los medios de comunicación. Una presentadora de la televisión alemana, por ejemplo, mencionó a los 461.000 niños y jóvenes que llamaron al 116111 el año pasado.

Aumento masivo de chats 

Tal vez ese sea uno de los pocos aspectos positivos que se desprenden de la crisis de la pandemia: que el número telefónico se está dando a conocer aún más de lo que ya era través de las jornadas de campaña, los folletos y las visitas a los colegios. «Lo que hemos visto en 2020, más que nada, es un salto en el asesoramiento en línea de un tercio en comparación con 2019», dice Zacharias.

Esto se debe a que, además de los 3.000 asesores telefónicos formados, ahora hay 80 miembros del personal que les ayudan a través del chat en línea. Especialmente en tiempos de coronavirus, tienen más demanda que nunca; en los últimos meses, se ha contratado una gran cantidad de personas. «Los niños escriben que todos están en casa en ese momento, y por eso no puedo hablar con nadie por teléfono en confianza», dice Zacharias.

Pero no solo los niños recurren al teléfono del dolor. Las madres y los padres preocupados pueden esperar hasta que los niños se acuesten y luego marcar el número del teléfono configurado especialmente para ellos. «Las consultas para padres en 2020 se dispararon en un 64 por ciento en comparación con el año anterior», dice Anna Zacharias.

Y ya no se trata de la pubertad, el dolor de la separación después de una relación o los conflictos familiares. Se trata del encierro, que molesta un poco más a los padres y a sus hijos cada día.

«Para los más pequeños, el coronavirus ya es parte de la normalidad»

Según Ulla Baumgärtner-Schmäing, quien ha trabajado para la Asociación Alemana de Protección Infantil durante 18 años, «si los padres están ansiosos por el coronavirus, esto tiene un impacto directo en los niños». La pedagoga social cuenta el caso de una madre cuyo hijo menor no quiso ir a la guardería por miedo al coronavirus. «Luego resultó que era la madre quien tenía un miedo terrible al virus. Algo que el niño notaba y le transmitía miedo».

La educadora supervisa un lugar de encuentro entre padres e hijos en Bonn, al que actualmente asisten 20 niños, la mayoría menores de tres años. Los niños pequeños solo saben que el mundo entero lleva una mascarilla, que no se pueden juntar con todos los niños al mismo tiempo y que hay que lavarse las manos continuamente.

Al parecer, es precisamente por eso que estas niñas y niños soportan mejor la crisis que, por ejemplo, sus hermanos mayores, que a menudo miran a Baumgärtner-Schmäing con ojos tristes: «Los más pequeños incluso integran la situación actual cuando juegan, las muñecas y los osos de peluche también reciben una mascarilla. Para ellos, el coronavirus es ya, en cierto modo, algo normal».

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