Comenzó el año nuevo judío y sigue sin resolverse crisis política

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Las contradicciones políticas y religiosas han impedido cualquier tipo de acuerdo, lo que puede dar al traste con el crecimiento económico

Apolinar Martínez/Israel Internacional

El sonido del shofar, el instrumento elaborado con el cuerno de un carnero, con el que tradicionalmente comienzan las celebraciones del Nuevo Año o Rosh Hashaná, llegaron a Israel en un momento en que se mantiene la incertidumbre sobre la posibilidad de formar un gabinete o tener que acudir a la tercera elección en el año

Precedidas por rezos de penitencia en los últimos días y lecturas especiales de las escrituras en el caso de los más religiosos y una cena festiva en casi todos los hogares, en una celebración que se prolongará hasta el atardecer de hoy, se dio la bienvenida al año hebreo 5780

En Jerusalén, como en el resto de ciudades, las calles amanecieron prácticamente sin tráfico, con todos los comercios cerrados, sin transporte público ni actividad institucional.

En los últimos días, unos de los productos más vendidos en los concurridos mercados han sido las manzanas y la miel, que simbolizan el deseo de tener un «dulce» nuevo año, y las granadas, que con su cantidad de semillas simbolizan la abundancia.

Otra de las tradiciones es pasar el día cerca de fuentes de agua naturales, por lo que ayer, antes del comienzo de la fiesta, muchos se acercaron a las playas del país, donde algunos tiraban pedazos de pan en el agua, como símbolo de pecados del año que se va, de los que uno se desprende arrojándolos al mar, como indica el Libro de Miqueas, en la Biblia.

Lo que dice el Antiguo Testamento

Miqueas 7:19 «Él tornará, él tendrá misericordia de nosotros; él sujetará nuestras iniquidades y echará en la profundidad de la mar todos nuestros pecados».

La crisis política se profundiza


De nada ha valido que Benjamín Netanyahu haya recibido el encargo de intentar, tras conversaciones con los restantes grupos políticos o personalidades, formar el gabinete.

Los encuentros han mostrado la tensión entre quienes desean que el Estado judío sea regido por la religión más tradicional y quienes quieren un país laico, donde cada cual pueda practicar su fe en la medida que lo considere apropiado.

El nacionalista laico Avigdor Liberman insiste que Netanyahu es «chantajeado » por  los haredim (temerosos de dios) ha abocado al país a un difícil pacto de unidad de los dos partidos más grandes (Likud y su rival Azul y Blanco [Kajol Laván]) o a una repetición electoral.

Las exigencias religiosas

Los más religiosos exigen no servir en el Ejército y que muchos no trabajen y se puedan dedicar únicamente al estudio de la Torá y los textos sagrados. Pero también piden otras cuestiones, que afectan la calidad de vida de los no practicantes: el cierre de toda la actividad comercial y pública en shabat, así como de calles y servicios públicos (incluido el transporte), la segregación en autobuses y escuelas, el mantenimiento de la exclusividad de la jurisdicción en materia de familia, etc.

A esto se suma la posición de Benny Gantz, líder del partido Azul y Blanco, con 33 diputados y quien se niega a permitir que Netanyahu, sobre quien pesa una acción judicial, vuela a ser primer ministro.

Como se ve ni el inicio del Año Nuevo, ha traído luz al intrincado panorama

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