Carnaval de odio y vergüenza

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La inspiración del carnaval suma diferentes fiestas paganas que se remontan a las que se hacían en honor a Baco, el dios romano del vino, las saturnales y las lupercales romanas, o las que se efectuaban en honor al toro Apis en Egipto. En general, su celebración combina elementos lúdicos: desfiles, disfraces, máscaras y fiestas en la calle; su característica más resaltante es la de permisividad y descontrol. 

Beatriz de Rittigstein/Israel Internacional

En la Edad Media, con la expansión del cristianismo por Europa, la fiesta tomó el nombre de carnaval. Hay diferentes versiones del origen de la palabra, como del latín carnevale que significa despedida de la carne que no se comerá en los siguientes 40 días. Este evento se celebra días antes del Miércoles de Ceniza, el comienzo de la Cuaresma, un período de abstinencia, recogimiento y ayuno. Por ello, los días previos todo estaba permitido, y para salvaguardar el anonimato, la gente se cubría el rostro o iba disfrazada.

Entre los excesos, los judíos fueron las víctimas propicias; se incrementaban las persecuciones y masacres, teniendo como excusa una serie de imágenes estereotipadas.

Uno de los carnavales más antiguos de Bélgica se realiza en una pequeña ciudad llamada Aalst. Se trata de un festejo arraigado en la época medieval, que fue reconocido en 2010 por la Unesco como perteneciente al patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Sin embargo, a fines del año pasado, esa condición fue revocada por la “repetición recurrente de representaciones racistas y antisemitas”. En 2013, incluyeron una carroza que presentaba individuos vestidos de oficiales de las SS junto con individuos a la usanza de judíos ortodoxos rodeados de botes etiquetados como Zyklon B.

El año pasado, una carroza mostró a judíos religiosos entre monedas y ratas. Este año, las exhibiciones duplican las manifestaciones caricaturescas antisemitas: personajes con narices grandes que combinan la ropa de judíos ortodoxos con partes de hormigas. El alcalde, Christophe D’Haese, dijo que en el “contexto del carnaval, estas exhibiciones no son antisemitas”. 

Los participantes consideran que el asunto es divertido, sin tener en cuenta que ello no es broma, se basa en una trágica tradición que derivó en verdaderas fábricas de muerte distribuidas por Europa, hace unas ocho décadas.

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