Cambio de planes

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El pasado jueves 26 de marzo el mundo, y en particular Venezuela, se despertó con una noticia fuera de lo común más allá de la mortal expansión incontrolada del coronavirus, que amenaza seriamente a la humanidad. Referencias de pandemias nos vienen a la memoria por lecturas obligadas de los manuales de historia o novelas que nos retrotraen a la alta Edad Media, monasterios, sombras, procesiones, quema de brujas, vendas mugrientas cubriendo llagas, y carretas tiradas por jumentos o enflaquecidos hombres encorvados apiladas de cadáveres para ser incinerados, en medio del hedor que despedían los cuerpos degradados.

Juan J. Monsant Aristimuño/Israel Internacional.-

Como esta, aquella pandemia igualmente se le atribuyó al Lejano Oriente. La que nos ha tocado vivir no se retrotrae a tan sombrío escenario, caminos empedrados o abadías con pasillos secretos, pero igualmente acumula cadáveres, procesiones, pócimas mágicas, improvisaciones y desconcierto ante lo desconocido.

La otra noticia fuera de lo común de ese día, la dio William Barr el Attorney General (fiscal general) de los Estados Unidos, acompañado por tres fiscales de distritos, el jefe del Departamento de Justicia, el administrador de la DEA y por el director del Departamento de Seguridad, en una conferencia de prensa, donde acusa formalmente a Nicolás Maduro de encabezar un clan de criminales dedicados al trafico de drogas, y conspiración para desestabilizar a los Estados Unidos inundando de drogas al país; al tanto que la DEA ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por su captura, y 10 millones por cada uno los principales cabecillas, entre ellos el ministro de Defensa.

Un par de semanas antes, la Corte del Distrito Sur de la Florida recibió una acusación formal del Departamento de Seguridad Nacional contra Maikel Moreno, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela, por los delitos de lavado de dinero y transacciones monetarias ilegales en territorio norteamericano.

Estados Unidos no reconoce a Maduro como presidente legítimo, por lo que desde el punto de vista jurídico es impecable la acusación; toca a los acusados demostrar su inocencia desmontando las pruebas que se presenten en el juicio, si lo hubiere. Desde la perspectiva política, fue un golpe de difícil recuperación que recibe el gobierno de hecho, y la propia oposición venezolana.

Llegó igualmente precedida por reiterados movimientos surgidos desde la oposición oficial venezolana, inclinándose hacia un gobierno de emergencia representado por todas las fuerzas políticas nacionales en un Consejo de Estado encargado de convocar a elecciones generales.

Por ello, la jugada política estadounidense fue magistral porque  colocó en evidencia la complicidad de una buena parte de la oposición, de su necesidad de limpiarle la cara al régimen (vaya uno a saber por cuáles motivos) y situarlos ante la disyuntiva de pactar con criminales internacionales solicitados por la justicia, o darle la espalda a quien ha sido su principal aliado, y a los venezolanos de buena fe, que son el pueblo sufriente.

Pero ¡Hete aquí! que cuatro días después, el secretario de Estado Mike Pompeo dio una conferencia de prensa en donde presentó un borrador de trabajo sobre una posible transición democrática en Venezuela, en el cual virtualmente acogió al pie de letra y más, la propuesta del llamado G4 (el grupo de los cuatro principales partidos dominantes en la Asamblea Nacional), donde luego de algunas exigencias elementales y formales, apoya la propuesta de la oposición con el agregado que durante ese lapso (un año), el Alto Mando Militar podría permanecer en sus cargos, entre ellos el solicitado  Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino.

Dos días después, el presidente Donald Trump decidió enviar una flota militar de naves aéreas y marítimas al Caribe, a la cual se unió barcos de guerra ingleses y franceses, con el fin de bloquear todo intento de paso de droga y el contrabando de combustible.

O comienza a desaparecer la separación de poderes en los Estados Unidos, o el gobierno se cansó de esa oposición conciliadora que impide un cambio radical, por lo que decidió preservar su seguridad nacional, y dejar que Venezuela siga su rumbo errático con la actual dirigencia opositora. Todo muy extraño.

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