Acoso a la democracia

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Este último 6 de enero, desde Washington, vimos escenas aterradoras durante la toma del Capitolio por hordas militantes de varios grupos de extrema derecha que portaban distintos símbolos de odio e intolerancia.

Beatriz de Rittigstein*/Israel Internacional.-

De las imágenes más estridentes: un hombre vestido con una sudadera que decía “Camp Auschwitz – El trabajo libera”, una traducción del cartel a la entrada de dicho campo de exterminio. Se vieron personajes del grupo neonazi NSC-131 blandiendo banderas con esvásticas.

También se observaron carteles que decían “la circuncisión es la marca de la bestia”, de un movimiento conocido como “intactivistas”. Desfilaron escudos de las Cruzadas, que son emblemas de supremacistas blancos. En fin, un total desprecio a la gente y al orden.

Poco antes del asalto al Capitolio, en una manifestación cercana, la recién electa congresista de Illinois, Mary Miller señaló como parte de su discurso que “Hitler tenía razón en una cosa, cuando dijo «quien tiene la juventud, tiene el futuro’”. Una cita vergonzosa e inaceptable en quien forma parte de la representación pluralista de la ciudadanía.
Ante tales sucesos, el Museo de la Herencia Judía en Nueva York, volvió a comprometerse con la educación sobre el Holocausto y el combate al odio. Sin embargo, no debe ser casual que, al día siguiente, en un ataque extremista más, apareció una bandera confederada (ligada al racismo) en el exterior de la sede del museo.
En el panorama, otra ala extremista que atenta contra el sistema democrático es la ultra izquierda. No podemos olvidar que, durante el verano de 2020, Antifa y Black Lives Matter atacaron a lo largo de la geografía estadounidense, desde Los Ángeles hasta Nueva York, pasando por ciudades como Portland, Seattle, Kenosha, Minneapolis, etc.
Sembraron el terror, vandalizaron templos, entre ellos sinagogas, destruyeron plazas públicas, colegios incluyendo escuelas judías, e infinidad de negocios. La sincronía en estos crímenes muestra que no son espontáneos y están bien organizados.
Tras este ciclo de violencia debe haber un llamado de atención para preservar la democracia, frágil frente al acoso de los extremismos. Se necesita una justicia efectiva, líderes convencidos de los beneficios del sistema, aceptación, moderación, respeto a las leyes y a las instituciones.

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